Cuidar a un mayor en casa: qué pasa cuando la familia no alcanza
La primera pregunta que Carolina Nadal hace en las reuniones familiares del Hospital de Clínicas no es sobre el diagnóstico ni sobre los medicamentos. Es esta: "¿Tienen ganas de cuidar?". La jefa del Departamento de Trabajo Social de esa institución dice que la pregunta tiene un propósito preciso: habilitar una respuesta que casi nadie se anima a dar. "Si un profesional te pregunta eso, es porque vos podés decir que no. Y muchas veces, sobre todo las esposas y las hijas, preguntan: '¿puedo decir que no?'", explica.
La pregunta no es retórica. Los datos del último Censo Nacional muestran que en siete de cada diez hogares la atención de los mayores se resuelve puertas adentro, y que esa tarea recae de manera casi exclusiva sobre mujeres. Al mismo tiempo, la natalidad cayó un 50% en los últimos años y la expectativa de vida sigue subiendo. El resultado concreto es que hay más adultos mayores que sostener y menos integrantes del grupo familiar disponibles para hacerlo.
Uno de los efectos visibles es el envejecimiento de los propios cuidadores. Nadal cita el caso de una paciente de 90 años cuya única cuidadora era su hija de 70.
Cuando la red familiar es frágil o no existe, el equipo de Trabajo Social reconstruye la historia del paciente para identificar recursos alternativos: cobertura de obra social, pertenencia a una parroquia, vínculo con algún club de barrio o sociedad de fomento. Nadal llama a esto el "diamante del cuidado", un esquema donde el Estado, la familia, el mercado y la comunidad interactúan para sostener la vejez. "Te diría que es de tres a uno esta situación: el resto es escasa o nula red de cuidado", advierte sobre los casos que llegan al hospital.
El marco legal también importa. La Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el cuidado como derecho humano autónomo, con tres dimensiones: el derecho a recibir cuidado, el derecho a cuidar y el autocuidado. Para Nadal, ese encuadre es clave para que la tarea no quede invisibilizada. "El derecho a cuidar tiene que tener un marco de garantías, y no ser un cuidado que sobrecargue y genere agotamiento en el ámbito de la familia", señala.
Otro obstáculo que el equipo detecta con frecuencia es lo que los gerontólogos denominan "viejismo": la tendencia a infantilizar a las personas mayores y a tomar decisiones por ellas sin consultarlas. El equipo trabaja con el concepto de autonomía relacional, que implica que el paciente lúcido decide dónde quiere estar y con quién, acompañado por profesionales que le acercan información y alternativas.
¿Cuánto de lo que hoy resuelve la familia podría sostenerse con más apoyo comunitario o estatal? El debate está abierto: ¿cómo organizaría usted el cuidado de un familiar mayor si la red familiar no alcanzara?
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