Pipa, el balneario brasileño de once playas con delfines y acantilados rojos

En el estado de Río Grande del Norte, sobre la costa noreste de Brasil, Pipa creció despacio desde que los surfistas la descubrieron en los años ochenta y hoy concentra once playas con perfiles distintos: olas fuertes, pozas naturales, avistamiento de delfines y dunas extensas al cruzar el río. El acceso desde Buenos Aires es directo a Natal y el viaje hasta el pueblo insume alrededor de una hora y media en auto. Los precios van de los 50 dólares la noche en alojamientos más sencillos hasta los 400 en temporada alta.
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El nombre tiene su propia historia. Los portugueses que llegaron a esta costa en el siglo XVII vieron desde el mar un acantilado con forma curva que les recordó a los barriles de madera que transportaban en sus barcos. En portugués de Portugal, "pipa" significa exactamente eso: barril. Con los siglos, la palabra quedó como nombre del pueblo.

Durante décadas, Pipa fue territorio casi exclusivo de pescadores. En los años ochenta la descubrieron los surfistas, el rumor se extendió y el lugar comenzó a crecer sin perder del todo la escala humana que lo distingue de otros destinos de playa del Brasil.

La costa se organiza en once playas distintas, cada una con su carácter. La Praia do Amor, la más fotografiada, debe su nombre a la silueta de corazón que dibuja vista desde lo alto del acantilado. El oleaje ahí es más intenso que en el resto y es la preferida de quienes surfean. Se llega por una escalera tallada en la roca durante la marea alta o caminando por la arena cuando el mar se retira.

La Praia do Centro es la versión más calma: aguas tranquilas, pozas naturales que aparecen con la bajante y una hilera de barcos de pescadores que siguen trabajando junto a los turistas. En la Baía dos Golfinhos, los delfines se acercan a comer cerca de la orilla y se pueden ver sin excursión ni guía.

Para quienes se animan a moverse un poco más, cruzar en balsa hacia Tibau do Sul abre otro paisaje: dunas extensas, cajueiros entre médanos y playas de nombres poco conocidos como Malembá, Barreta y Camurupim. El paseo en buggy por ese litoral cuesta desde 85 dólares por vehículo (hasta cuatro personas) y puede extenderse a versiones de día completo por alrededor de 110. El ferry suma unos 2 dólares por persona.

La gastronomía local tiene su propio ritmo: la mayoría de los locales abre recién a media tarde, reservando la mañana para el mar. La avenida Baía dos Golfinhos se convierte entonces en mesas al aire libre y música en vivo. El plato de referencia de la cocina potiguar, como se llama a la del Río Grande del Norte, es la moqueca: un guiso de pescado o mariscos cocinado con leche de coco, aceite de palma, tomate, cebolla y pimientos.

La playa del Madeiro, rodeada de palmeras y algo más alejada del centro, figura entre las mejor valoradas por los usuarios de TripAdvisor y conserva más tranquilidad que las playas principales.

Para el avistamiento de delfines en lancha, la excursión compartida de una hora sale desde 9 dólares por persona. Las salidas más largas, con almuerzo y puesta de sol incluidos, rondan los 55 dólares.

¿Qué playa de Pipa te parece más interesante para visitar o ya visitaste alguna vez?

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