Un estudio vinculó la dieta nórdica con menor mortalidad en adultos suecos
Avena, legumbres, verduras y frutas de estación permiten llevar a la mesa parte de la propuesta de la dieta nórdica. Aunque el nombre remite al norte de Europa, este patrón alimentario puede adaptarse a los productos disponibles y al presupuesto local, sin reproducir exactamente la cocina escandinava.
La idea es dar más espacio a los alimentos vegetales y los cereales integrales, e incorporar pescado y grasas insaturadas. En las comidas cotidianas, eso puede traducirse en elegir avena o pan integral en reemplazo de panes refinados, usar legumbres y verduras como base y sumar pescado cuando resulte accesible. También contempla frutos secos y cantidades moderadas de aceites vegetales.
En su versión nórdica aparecen con frecuencia el centeno, las manzanas, las peras, las bayas, las coles y vegetales como zanahorias y remolachas. El aceite de canola es habitual, aunque no constituye la única opción. La pauta propone reducir carnes procesadas, ultraprocesados y productos con abundantes azúcares o grasas saturadas, entre ellos la manteca y la bollería industrial.
Un análisis encabezado por las universidades de Aarhus y Upsala estudió la relación entre esta alimentación y distintos resultados de salud en 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad. Los investigadores utilizaron información relevada entre 1997 y 2019 para estimar qué habría ocurrido al sostener diferentes pautas alimentarias durante 24 años.
La comparación incluyó tres escenarios hipotéticos. Para una adhesión estricta a la dieta nórdica saludable, el riesgo estimado de muerte por cualquier causa fue un 4 % menor que bajo las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023. Frente al escenario sin una intervención alimentaria específica, la diferencia estimada fue del 6 %.
Esos porcentajes requieren una lectura cuidadosa. Los participantes no fueron asignados a dietas dentro de un ensayo clínico prolongado. Se empleó un método estadístico cuyos resultados dependen de supuestos, como la ausencia de factores relevantes no medidos que expliquen parte de la asociación.
Además, el objetivo principal era evaluar complicaciones hepáticas graves, y allí no apareció una reducción clara del riesgo. Aunque las estimaciones variaron entre los tres escenarios, sus intervalos de incertidumbre se superpusieron. Por eso, el análisis no permite afirmar que este patrón prevenga esas enfermedades ni que garantice una vida más larga.
Su aplicación cotidiana admite alimentos locales y de temporada. ¿Qué lugar tienen las legumbres, las verduras y los cereales integrales en tus comidas?
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