La rutina diaria de Luli Fernández: entrenamiento, terapia y tiempo sin ruido
La mañana empieza a las seis. Luli Fernández prepara el desayuno de su hijo Indalecio, de siete años, antes de que llegue la persona que la ayuda en casa. Juntos arman el lunch escolar, desayunan y salen hacia el colegio, ubicado en Vicente López. El trayecto desde Recoleta lo hacen en auto, con música y conversación.
Después del colegio, ella entrena. Tres veces por semana trabaja con un profesor de musculación y tiene seguimiento nutricional. A eso suma distintas modalidades terapéuticas: terapia tradicional, terapia neural, constelaciones, biodecodificación y registros akáshicos. También consulta habitualmente a una astróloga y a una numeróloga para decisiones personales y laborales.
El resto del día lo ocupa el trabajo. Conduce un ciclo de entrevistas para una plataforma digital que comenzó con mujeres y este año incorporó una edición dedicada a varones. La producción le valió una nominación a los premios Martín Fierro.
Fernández dice que durante años el trabajo funcionó como refugio y que su agenda no tenía pausas. Lo que cambió no fue la cantidad de horas, sino la decisión de no llenar los espacios vacíos. Cuando tiene la tarde libre mientras su hijo está con el padre, la opción que elige es quedarse en casa mirando una serie, tomando mate y con sus tres perros.
"Hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz", afirmó. Esa reorganización de prioridades, según describe, empezó en el momento más difícil del proceso de separación, cuando optó por estar quieta en lugar de acumular actividades.
El equilibrio entre la crianza y el tiempo propio es otro eje de su rutina. Desde que vive sola con su hijo, dice que el vínculo con él se profundizó. Los miércoles y sábados que Indalecio está con el padre, ella sale con amigas.
¿Qué ajustes en la rutina les resultaron más útiles en momentos de cambio personal?
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