De Lobos al norte argentino: viaja sola en un auto adaptado como casa rodante
Delia Torres pasó años organizando viajes de turismo para otros. Conocía los destinos desde los circuitos armados y los itinerarios fijos, pero los carteles de los pueblos que aparecían al costado de la ruta siempre le generaban una pregunta sin respuesta. Qué había ahí, cómo era la gente, qué se encontraría si se desviaba.
La pandemia aceleró un cambio que ya estaba en marcha. En 2019 se había mudado al campo, cerca de la Ruta 41, y al relajarse las restricciones empezó a ver pasar casas rodantes frente a su casa. A través de YouTube conoció a viajeros que adaptaban autos comunes para vivir en ellos. Sin motorhome ni presupuesto para comprarlo, optó por transformar lo que tenía: un Renault 11 modelo 1991.
La preparación fue artesanal. Probó con almohadones y un catre viejo, midió espacios, corrió asientos. La solución clave fue sacar la butaca delantera del lado del acompañante para instalar una cama de una plaza con espacio de guardado debajo. En la luneta armó una cocina con anafe y bidones de agua; del otro lado colocó un inodoro químico portátil.
Antes de salir a distancias largas, otros viajeros conocidos por redes le recomendaron empezar con trayectos cortos. En 2021 fue a un encuentro de rodanteros en General Belgrano, a unos 100 kilómetros de Lobos. Ahí descubrió la dinámica de ese circuito: grupos de ayuda en ruta donde alguien puede pedir que un viajero cercano se acerque a asistirlo, recomendar un mecánico o indicar un lugar donde parar.
El primer viaje largo fue a Las Grutas, en Río Negro. Estuvo unos 15 días fuera de casa. En 2023 salió hacia Chajarí, en Entre Ríos, y el recorrido se extendió solo: Corrientes, Misiones, las Cataratas del Iguazú y regreso por la costa del río Uruguay. En el camino visitó Yapeyú y se desvió hasta El Soberbio para conocer los Saltos del Moconá, adonde llegó con niebla y tuvo que esperar al mediodía para ver los saltos. También se animó a subir a un gomón, experiencia que describe como una de las más memorables del viaje.
En 2024 recorrió el norte en caravana, transitó parte de la Ruta 40, llegó a Jujuy e Iruya. Ese último tramo duró unos 40 días. En Catamarca decidió no continuar hacia el Campo de Piedra Pómez porque el auto no respondía a la subida y el viento en contra lo hacía imprudente. Tomó la decisión sin considerarla un fracaso.
Hoy viaja en una Citröen Berlingo a la que le forró el interior para mejorar el aislamiento térmico. Con esa adaptación, según cuenta, duerme bien incluso con bajas temperaturas. Tiene pendiente Cachi, San Antonio de los Cobres y más pueblos de Catamarca, aunque su trabajo actual limita la cantidad de días que puede estar fuera.
¿Te animarías a armar tu propio recorrido por el interior argentino con lo que tenés a mano?
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