Marcelo Pombo presenta en La Boca treinta obras hechas con materiales cotidianos

La Galería Barro alberga "Querido Teto, sin comentarios", la nueva serie de Marcelo Pombo: casi treinta piezas tridimensionales elaboradas durante tres años a partir de trapos de cocina, cartones, arpilleras y residuos intervenidos con resinas, anilinas y brillantinas. El artista, referente de los noventa, propone un recorrido por la idea de belleza extraída del desecho. La entrada es en La Boca.
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La Galería Barro, en el barrio de La Boca, exhibe la producción más reciente de Marcelo Pombo: casi treinta obras en tres dimensiones construidas a lo largo de tres años con trapos de rejilla, arpilleras, telas acolchadas con estampados liberty y batik, cartones, hilo sisal y bolsas de residuos. Sobre esos materiales el artista aplica resinas, membranas poliuretánicas, anilinas, sal, vaselina, tierra y una variedad de brillantinas y mostacillas que transforman la superficie en algo entre frágil y durable.

La exposición se llama "Querido Teto, sin comentarios" y arranca con la imagen oficial: una fotografía desteñida del propio Pombo a los catorce años, tomada por su tía y enviada por correo desde Australia. Esa postal apareció durante el proceso de trabajo y funcionó como punto de partida.

Entre las piezas se destaca "Arte geométrico rescatado del fondo del Riachuelo a la altura de la Salada" (2023), un textil rectangular que cruza referencias al arte geométrico argentino histórico con la contaminación del Riachuelo y la feria de marcas truchas. También forma parte de la serie "Buen día, trapo de cocina" (2023), que toma paños de cocina manchados por el uso y los cubre con flores, cuentas y flecos.

Los procesos que aplica Pombo, nacido en 1959, añaden firmeza y durabilidad a obras de apariencia delicada. La paleta es oscura, tendiendo a lo apocalíptico; los materiales provienen en parte del entorno inmediato del taller del artista, ubicado debajo de la autopista de Constitución. "Quiero hacer objetos en mi taller para olvidarme un poco del ruido del mundo", dice Pombo. El tiempo que dedica a cada pieza les suma, según sus palabras, "un toque absurdo".

La curaduría estuvo a cargo de Bárbara Golubicki. Quien quiera completar el plan puede combinar la visita con la retrospectiva de Jorge Gumier Maier en Colección Amalita, en Puerto Madero, que inaugura una semana después.

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