Neumonía: señales tempranas que aparecen antes de la tos y la fiebre
Una infección respiratoria que parece un resfrío común puede evolucionar hacia una neumonía sin que los síntomas clásicos aparezcan de inmediato. En este cuadro, los alvéolos pulmonares se inflaman y pueden llenarse de líquido o pus, lo que dificulta el paso de oxígeno hacia el organismo.
La causa puede ser bacteriana, viral o fúngica. Entre los agentes bacterianos más frecuentes se cuentan el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae. Algunos virus responsables de la gripe o el covid-19 también pueden derivar en neumonía. La evolución depende del agente causante, la edad y el estado de salud previo de cada persona.
Lo que suele pasar inadvertido es que la fatiga profunda y la respiración acelerada pueden aparecer antes que la tos o la fiebre. También pueden presentarse latidos rápidos, náuseas, falta de apetito y malestar general. El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, señaló que "la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos". Agregó que, si bien la tos es casi universal, "algunas personas no tienen mucha fiebre".
Cuando el cuadro avanza pueden sumarse presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental. La confusión repentina, la somnolencia excesiva y la desorientación requieren consulta médica de inmediato, sobre todo en mayores de 65 años. En ese grupo etario, y en personas con defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal. La ausencia de fiebre, entonces, no descarta la enfermedad.
Los grupos con mayor riesgo de complicaciones incluyen bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores y quienes padecen enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o reciben tratamientos que reducen las defensas.
Entre las complicaciones posibles figuran la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, la presencia de bacterias en sangre, los abscesos pulmonares y la insuficiencia respiratoria, que puede requerir internación.
Conviene consultar a un médico si la tos persiste varios días y empeora, si hay dolor en el pecho al respirar, si los síntomas reaparecen después de una mejoría inicial, o si hay fiebre persistente de 39 °C o más con expulsión de flema con pus. El diagnóstico suele incluir evaluación clínica y radiografía de tórax; en algunos casos tempranos las imágenes pueden no ser concluyentes y se solicita una tomografía.
El tratamiento depende de la causa: antibióticos para infecciones bacterianas, antivirales en determinados casos, reposo, hidratación y medicación sintomática. Los cuadros graves o con factores de riesgo pueden requerir atención hospitalaria.
Para reducir las chances de enfermar, se recomienda mantener el esquema de vacunas al día, lavarse las manos con frecuencia, no fumar y controlar las enfermedades crónicas.
¿Tuviste alguna vez síntomas que tardaste en asociar a un problema respiratorio serio?
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